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MI PASEO AL COLE

Desiré Murillo (Técnico Superior en Animación Sociocultural y Atención Sociosanitaria), Málaga

Quiero compartir con vosotros mi propia experiencia personal de cuando era una chiquitaja, el cómo fue mi camino escolar y qué recuerdos guardo de él. De esta forma creo que vais a entender mucho mejor qué es lo que pretendemos hacer y cuáles son nuestros objetivos.
Personalmente creo que el camino escolar es una experiencia que todo niño y niña debe vivir, ya que a la larga es uno de los recuerdos más bonitos que se conservan de nuestra infancia y de la época del colegio (qué queréis que os diga, pero yo las clases de matemáticas, por ejemplo, no las recuerdo con especial cariño).

De pequeña estudié en varios colegios, así que guardo varios y buenos recuerdos de cada uno de ellos. Recuerdo sobre todo las frías mañanas de invierno, donde poner un pie fuera de las mantas calentitas era toda una odisea, no imaginemos entonces el hecho de vestirse y salir a la calle para ir al colegio. ¿Qué me motivaba entonces para deshacerme de ese acogedor amasijo de sábanas y enfrentarme al frío invernal?
¡El portero!

Sí, el portero electrónico. Todas las mañanas sonaba a la misma hora cuando mi amiga Débora hacía una parada en mi casa, para recogerme e ir juntas al colegio.
El hecho de saber de que a una hora concreta ella iba a estar allí, tocando el porterillo mientras se helaba de frío, hacía que estuviera lista y arreglada en un santiamén sin rechistar; procuraba ser puntual para que la chiquilla no tuviera que esperarme mucho rato, lo cual hacía que también fuésemos de las primeras en llegar a clase.

A mitad de camino siempre nos encontrábamos con más gente, que aunque de primera hora yo no conociera, siempre había un amigo de amigo con el que al final acababa hablando y descubriendo las cosas en común que teníamos. Eso era todo un reto para mí, porque pese a que ahora soy Técnico Superior en Animación Sociocultural, de pequeña era la personita más tímida del mundo y me costaba mucho entablar conversación con alguien. Por suerte siempre había alguien que te incluía en la conversación e invitaba a hablar, haciendo que poco a poco toda la timidez desapareciera, siendo admirable la comparación de los primeros días de clase con los últimos, cercanos a las vacaciones de verano. Otro recuerdo que también conservo con mucho cariño es el de mi hermano llevándome en coche. Sí, perdía ese pequeño camino de casa al colegio para que la caminata me despejara el sueño que tan pesadamente arrastraba, pero era un tiempo preciado en el que aprovechaba para charlar con mi hermano. Nos llevamos 11 años de diferencia, así que él, entre el trabajo, la novia y las amistades, paraba poco por casa. Apenas lo veía, por lo que ese ratito en coche, hablando con él, era muy especial para mí.

¿Y qué es mejor que hacer el camino hacia el cole acompañada? ¡Hacer el camino de vuelta a casa acompañada!

Horas y horas de libros, apuntes, profesores y lecciones… Cuando llegaba la hora de la salida, con el estómago rugiendo de hambre y el cerebro totalmente colapsado, lo que necesitábamos era una buena charla con los amigos de vuelta a casa para despejarnos.
Pero solo hay una cosa que supere a las ganas de llegar a casa y sentarte a la mesa para calmar a tu impaciente estómago: ¡Los columpios!

De pequeña (y no tan pequeña), aquel parque de columpios era una parada obligatoria. Daba igual el frío, el calor, el hambre y a veces incluso la lluvia. Era nuestro ratito sagrado de charla y diversión, donde comentábamos el día y nos dábamos ideas para las tareas de la tarde o los trabajos.

Otro de los años recuerdo que era yo quien, pese a salir unos minutos antes, me quedaba en la puerta esperando a dos amigas para hacer el camino acompañada. Recuerdo que una de las veces, una de mis amigas, algo extrañada me preguntó: “Si sales antes, ¿Cómo es que no te vas a casa? No hace falta que te quedes esperándonos, que siempre salimos tarde”.
No dudé ni un momento en responderle: “Porque así voy acompañada”. Fue una respuesta casi automática, me salió del alma. Prefería esperar unos minutos en la puerta para volver con ellas que hacer el camino completo sola.

Y a día de hoy, en mi edad adulta, es algo que sigo haciendo. Soy incluso capaz de variar mi ruta unos minutos con tal de ir con algún compañero de estudios o trabajo; sin prisas, sin agobios… Solo ese momento de caminata “obligatoria” en el que relajarse y compartir con alguien un agradable rato de charla.

Para mí fue una experiencia maravillosa e importante, que ha contribuido a crear los cimientos de quien hoy día soy. Creo que el paseo al cole es algo que todo niño y niña debería vivir, es algo que les hará crecer como personas y que luego les dará un recuerdo bonito que compartir.